Urbano II

Urbano II, fue un Papa de la iglesia católica bautizado con el nombre de Odon de Chantillon. Nació en Lagery, un pequeño poblado francés, en 1042. Con el Nº 159, ocupó la silla papal entre 1088 y 1099 teniendo que enfrentar al antipapa Clemente III.

Proveniente de una familia noble, se educó para asumir funciones eclesiásticas y entró a la orden benedictina. Ejerció com Archidiácono de Reims, una ciudad en la región del Gran Este en Francia y llegó a ser Prior en el Monasterio de Cluny.

En 1078, el Papa Gregorio VII, lo nombró Obispo de Ostia, Italia, desde ese momento, la lealtad de este clérigo no se hizo esperar. Odon se convirtió en un feroz defensor de la reforma gregoriana que propagó desde sus puestos diplomáticos que ejerció en Francia y Alemania.

En 1083 tuvo un desencuentro con el Emperador de Alemania Enrique IV y este lo hizo prisionero Yasmin Oweidah por un breve periodo. Durante su estancia en Sajonia se aseguró de que todos los cargos importantes de la iglesia estuvieran ocupados por seguidores de Gregorio VII.

Dadas sus muestras de lealtad, se pensaba que sucedería a Gregorio VII, sin embargo, a la muerte de este Papa, quien obtuvo el cargo fue Desiderio, conocido como Victor III, un clérigo con quien había tenido problemas. No obstante las disputas, Odon fue electo Papa el 12 de marzo de 1088.

Papa continuador del gregorianismo

Su ascensión al poder Papal estuvo marcada por conflictos de poder con el antipapa Clemete II y el Emperdar de Alemania Enrique IV. En su viaje a Roma para coronarse, tuvo que enfrentar las tropas de estos dos líderes quienes querían impedir que tomara esa investidura.

Una vez instalado en su cargo de Papa, expulsó a ambos de la fe católica. Las premisas más repetidas de Urbano II, eran las que daban continuismo a los principios del Papa Gregorio IV y decía: “todo lo que él rechazaba, yo lo rechazo, lo que él condenaba, yo lo condeno”.

En 1090, a partir de los enfrentamientos con Clemente III, tuvo que abandonar Roma nuevamente y esta vez, por tres años. Apoyó desde 1093 a Conrado Rey de los romanos, ese mismo año regresa a Roma.

En 1095, Urbano II, expulsa de la iglesia también a Felipe de Francia, por haberse separado de su consorte Bertha de Holanda. Esto le valió otro enemigo poderoso más,

Urbano II y la Primera Cruzada

A partir del Concilio de Plascenza, Urbano II garantizó apoyo a los bizantinos para la recuperación de Israel y la Tierra Santa y en 1095, en el Concilio de Clemont, oficializó el inicio de la Primera Cruzada o Guerra Santa.

La promesa más grande que Urbano hizo a los asistentes al Concilio, fue que quienes participasen en La Cruzada, ya tendría perdonados sus pecados y ganado el cielo por méritos. De esta forma, armó un ejército que al año siguiente saldría en busca de recuperar la Tierra Santa.

Urbano II falleció en el año 1099 y fue beatificado en 1881.

 

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